Contra mi mismo

La lucha que mantuve toda mi vida conmigo mismo y con el entorno cesó, para dar paso a una vida plena en libertad.

Si me recuerdas…

El joven miró el pergamino y pudo leer el mensaje que el rey había inscrito con letras de un dorado más intenso decía: “Si me recuerdas, Te recuerdo” y al pie del pergamino el sello imponente del Rey.

Un nuevo aprendizaje

Empezó para mí un nuevo aprendizaje, que consistió en desarraigar de mi mente y corazón esa dedicación a examinar la vida desde los opuestos. Aprendí a ocupar mi atención en lo bueno y perfecto en sí mismo, desapegándola de las rutinas implantadas en mi carácter a través de años de formación en opuestos, para a partir de entonces dedicar toda mi atención en la unidad de lo bueno sin división.

Para conquistar la libertad

Cualquier hombre o mujer que desee conquistar su libertad, debe desechar esa concepción de convivencia dentro de sí mismo de fuerzas opuestas y para ello usar todo su intelecto y voluntad para no prestar sus fuerzas a ese debate inacabable, esclavizante, para emplearlas en la creación de pensamientos y actos buenos en sí mismos. Pensamientos y actos que no se construyen en la lucha de los opuestos; sino construidos con unidad en lo bueno sin discusión.

Amistades vanas

Que las gentes no se engañen en amistades complacientes y vanas, si no que alcancen la amistad en su corazón y todo se rendirá a su presencia.

Apareció el miedo

Apareció el miedo. Miedo a perder lo que se había construido, miedo a padecer penurias, miedo a la enfermedad, miedo a la indigencia. Todo el mundo rumoreaba . ¿Y si ocurre una desgracia y perdemos todo lo que tenemos? ¿Y si nos arrebatan nuestras casas, perdemos nuestros trabajos? ¿Qué será de nosotros? La gente en general dejó de creer en si misma.

La bondad y la codicia

En Humania la bondad no gozaba de gran prestigio. Un hombre o una mujer buenos eran percibidos como seres excéntricos, utópicos, incluso faltos de carácter, por no tildarles de incautos, incapaces de poner los pies en el suelo y ver la realidad.

En definitiva, la codicia se había instalado en los habitantes de Humania como un atributo natural que justificaba cualquier acto.

Amantia y Fanatia

Fanatia vivía de afanes, se sentía carente.
Amantia vivía de dones, se sentía plena.

 Para Amantia la libertad era el derecho a crear. A crear, desde lo más íntimo de sí misma, lo que su corazón deseaba, y manifestarlo como un regalo hacia todo y todos.

Para Fanatia la libertad era tener todo lo que su corazón deseara.

Creer en lo bueno

A fuerza de creer en lo bueno cerraba la puerta a cualquier pensamiento intruso.

Los orígenes

El oro el origen noble de los metales, la bondad el origen del hombre y la armonía el origen del mundo.

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