La bondad y la codicia

En Humania la bondad no gozaba de gran prestigio. Un hombre o una mujer buenos eran percibidos como seres excéntricos, utópicos, incluso faltos de carácter, por no tildarles de incautos, incapaces de poner los pies en el suelo y ver la realidad.

En definitiva, la codicia se había instalado en los habitantes de Humania como un atributo natural que justificaba cualquier acto.

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